Cuando el método queda en segundo plano

 

Clase de Pilates, en EQ Club

Madrid se está llenando de estudios de pilates reformer. Centros preciosos, máquinas futuristas, clases con nombres llamativos y una oferta cada vez más accesible. La buena noticia es que más gente se está acercando al movimiento, la fuerza y la conciencia corporal.

La mala noticia: cuando una disciplina crece tan rápido, no siempre crece con la misma calidad. Y en una práctica como el pilates, eso importa.

Profesores menos preparados

No todos los instructores tienen la misma formación, experiencia o capacidad para corregir. Una clase de reformer no debería ser solo “seguir una secuencia”: debería haber criterio, técnica y adaptación.

Menos atención individual

Con grupos grandes o niveles muy mezclados, es fácil que el profesor no pueda ver cómo se mueve cada persona. Y ahí aparecen los problemas: malas posturas, compensaciones y ejercicios que no encajan con el nivel, el cuerpo o el momento de cada alumno.

Más tendencia que método

El riesgo es convertir el reformer en una clase bonita, intensa y fácil de vender, pero alejada del trabajo profundo que hace valioso al pilates: control, progresión, precisión y seguridad.

El reformer puede ser una herramienta extraordinaria. Pero no todos los centros, clases ni profesores ofrecen lo mismo. En un mercado que crece tan rápido, elegir bien ya no es un detalle: es parte del entrenamiento.

En EQ Club llevamos desde 2009 defendiendo un pilates puro, basado en el criterio, la personalización y el respeto por la técnica.